La crónica periodística fue ayer, en la apertura del ciclo Workshops de Letras 2019, el eje central del taller de Daniel Riera, periodista, escritor, poeta y ventrílocuo. Como siempre, el encuentro se realizó de 14 a 17, en la Casa Museo Alfaro, en Ituzaingó 557, San Isidro.

“Es un ciclo con escritores interesantes y habituados a transmitir sus conocimientos en talleres, y con un público que trasciende San Isidro. Había en la zona una necesidad de este tipo de encuentros que invitan a profundizar en la escritura desde el propio hacer”, dijo Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro, a cargo de la iniciativa.

A cupo lleno, Riera ofreció una especie de seminario de este subgénero del periodismo con La anticlase. Algunas ideas sobre la crónica periodística. Hubo citas de Walsh, Piglia, Hemingway, Juan Pablo Meneses y Ryszard Kapuściński, y 15 participantes que pensaron cómo le presentarían un sumario a un editor para cautivarlo, y cómo investigarían y escribirían su crónica.

“Si la historia del calesitero te fascina, es posible que lo que escribas sobre él sea fascinante, único e irrepetible. El interés básico del cronista es lo que dispara la buena crónica. Hay crónicas que son para un solo cronista, hasta ese punto entra en juego la subjetividad de este subgénero”, le respondió Riera a un participante que propuso escribir sobre el calesitero de su barrio.

Libertad total. Así definió a la crónica. “No existen manuales de estilo, los cronistas somos absolutamente libres. Cada historia requiere de un estilo para ser contada. Tenemos una caja de herramientas y debemos decidir si necesitamos un martillo, un serrucho o una lima”.

Libertad hasta en la puntuación, dijo. Y recordó una entrevista suya a Charly García de diez páginas y ni una sola coma. “Si él estaba en ese momento en un estado hiperquinético y no paraba en su relato, el lector tampoco debía parar, era la mejor forma de meterlo de lleno en el personaje. Debemos confiar en la inteligencia del lector”, comentó antes de leer parte de una crónica de Enrique Raab sobre los bodegones marplatenses, que empieza con “ocho líneas de texto sin puntos, con cinco adverbios terminados en mente y dos gerundios”.

El autor de Nuestro Vietnam y otras crónicas sostuvo que el orden cronológico está para romperlo y que las crónicas deben ir de lo particular a lo general (“de una pequeña historia que da cuenta de algo mucho más grande”), y habló de la necesidad de pararse en el lugar del otro, “de adquirir una suerte de visión antropológica que surja de la propia experiencia”, y que la primera persona debería aparecer si el cronista está involucrado en la historia y no como un acto de vanidad del autor.

“Los adjetivos son muy útiles para cuestiones físicas o visuales, pero es mejor reducirlos al mínimo cuando hablamos de intangibles –aconsejó-. No hay otra manera de decir que alguien es gordo o que el cielo está nublado, pero antes de decir que alguien es fascista o depresivo lo pensaría dos veces”.

“Interesante y dinámico. Fue el tiempo justo para tener un primer vistazo sobre la crónica”, expresó Carolina Arriagada (25), de Martínez, en su primera vez en el ciclo. “Me gustó eso de la libertad que te da la crónica. Me inspiró. Me voy con un montón de ideas”, contó Sofía Palacio (25), de Olivos, al finalizar la actividad, con merienda incluida en el costo ($300).

Sumarios cortos, dos, tres líneas, porque los editores son seres sin tiempo y miserables (se ríe), no corregir si un policía dice masculino o nosocomio o un universitario repite dialéctica diez veces, porque nos están informando sobre ellos, y pensar la crónica, con similitudes estructurales con el cuento o la novela corta, como un texto que va más allá de la intención de informar.

“Que sirva como vehículo de transformación social y de reflexión en el lector”, alentó Riera, que se despidió tomando una frase de Chéjov, aplicable para todos los que quieran dedicarse a la crónica: «No me digas que la luna brilla. Mostrame el destello de luz sobre el vidrio roto».

 

+ Inscripciones para el taller de Federico Falco, el 4 de mayo, en workshops@sanisidro.gov.ar

San Isidro, 7 de abril de 2019