Organizó y produjo la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, a las 20 y con acceso gratis

El Coro de la Ribera ofreció anoche en el atrio de la catedral local el tradicional concierto Villancicos en San Isidro, que convocó a unas 3000 personas y tuvo un programa a tono con las festividades que se avecinan, Misa Criolla y Navidad Nuestra. Una función con acceso gratis, organizada por la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro con el apoyo del Grupo Asegurador La Segunda.

“Cerramos el año con un concierto que nos hará pensar en quiénes somos, en lo que vendrá y que significa la experiencia de ser humano. Y lo haremos en comunidad, en un sitio patrimonial que, como tal, también es espiritual y con un repertorio muy argentino y de alcance universal. Un repertorio que nos refleja muy bien a los sanisidrenses, que en nuestra diversidad queremos nuestro lugar del mismo modo”, expresó anoche Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro.

“Casi todo el coro es de San Isidro, con lo cual, nuestra primera vez en este prestigioso ciclo cobra una envergadura mayor. Sumado a eso, este lugar emblemático y dos obras trascendentales a poco de la Navidad. Con cierta ansiedad y realmente muy entusiasmados y agradecidos por la convocatoria”, sostuvo el director del coro, Maximiliano Mancuso, poco antes del concierto.

Grabada en 1964 y publicada como disco al año siguiente, la Misa Criolla, con música de Ariel Ramírez y letra de Félix Luna, no tardó en emocionar y contagiar a la gente, ubicada debajo de los árboles de la Plaza Mitre, en Libertador 16.200, y frente al templo neogótico (1898). Sobre el atrio, las 21 voces de la agrupación fundada en 1982 por Miguel Gómez Carrillo y dirigida desde hace diez años por el maestro Mancuso, y los solistas Lucrecia Comellas, Matías Bargalló, Diego Bertotto y Javier Birba.

Con ellos, cinco músicos que ejecutaron piano, guitarra, charango, quena, percusión y bajo, imprescindibles para las cinco partes de esta obra de corte folklórico, Kirie (vidala/baguala), Gloria (carnavalito/yaraví), Credo (chacarera trunca), Sanctus (carnaval cochabambino) y Agnus (estilo pampeano).

“No conocía el ciclo, pero no dudamos en venir. Todo muy logrado, la puesta en escena, el sonido, las obras y ni hablar del lugar”, comentó Martín Oliveti, de Beccar, junto a sus hijos Catalina (7) y Dante (5), subido en sus hombros.

Navidad Nuestra, otro clásico de Ramírez y Luna, con sus seis partes, Anunciación (chamamé), La Peregrinación (huella), El Nacimiento (vidala catamarqueña), Los Pastores (chaya riojana), Los Reyes Magos (takirari) y La Huida (vidala tucumana), redondeó una noche mágica, de placer y gozo espiritual, como había adelantado antes del concierto el párroco de la catedral, Carlos Avellaneda, quien expresó su deseo de que “este encuentro sirva para pacificar nuestro interior y podamos terminar el año con los corazones más reconciliados”.

“Nos gustan este tipo de espectáculos, pero no conocíamos el ciclo, de  excelente calidad y, además, gratis”, dijo Ana Ibáñez, que integra el coro de la parroquia Santa Teresita, junto a su hija, Abril, de 14 años.

En un ambiente familiar, con mucha gente joven y público incluso en la Plazoleta Domingo de Acassuso, cruzando Libertador, el cierre fue con el villancico Noche de Paz entonado por todos. Pero hubo bices y una vuelta al takirari de Los Reyes Magos con teléfonos en alto para reflejar el momento.

“Somos de Vicente López. Divinas las voces, el entorno. Muy bien organizado, una experiencia realmente hermosa”, dijo Jesica Maltese (28) después del concierto y de selfie de sonrisas amplias con dos amigas y la catedral de fondo.

San Isidro, 18 de diciembre de 2019