En Primera Persona: la cantante habla de su presentación en el festival San Isidro Jazz y Más 2019

En su primera vez en San Isidro, Elizabeth Karayekov sólo tuvo palabras de agradecimiento. A poco de concluir su show en la IX edición del festival Jazz y Más, se zambulle en un sillón y se presta a la charla. Hija de uruguayos y de abuelo ruso, ella siente los ritmos afroamericanos en la sangre. Canta y baila en sus espectáculos, una especie de viaje musical por los clásicos del rock y el pop de los 70 y 80 que suenan reversionados al ritmo del jazz y el blues, y suenan como una gran orquesta de los años 50.

“Increíble, el público súper cálido y una energía divina que llegó hasta el escenario. La bienvenida que nos dieron en San Isidro no podría haber sido mejor. Sí, sigo agitada, porque cuando la gente se enciende tanto, yo me prendo más todavía”, dice Elizabeth, que sube a escena con su Big Blues Band, integrada por tres trompetas, tres trombones, cuatro saxos, piano, guitarra, contrabajo y batería.

Despliegue de músicos y energía. Ella y catorce que no pasan inadvertidos al asumir el desafío de llevar sonidos modernos y actuales a una sonoridad de los 50. “Lo habitual es recuperar canciones viejas para ponerles una sonoridad actual, contemporánea. Yo probé el camino inverso. Mi parte creativa pasa por transformar lo que ya existe en algo nuevo. Era una idea que me venía dando vueltas desde hacía un tiempo en la cabeza, de cuando tocábamos los temas clásicos del rhythm and blues. Es un desafío hacer temas de mi generación pero en ritmos de jazz y blues, y sin que perdieran su identidad original”.

Clásicos reversionados y seleccionados minuciosamente de Los Beatles, Guns N’ Roses, Madonna, Prince, Queen y otros íconos musicales, que forman parte de Miss Tap (2016), su primer CD, sonaron en octubre pasado durante su show en San Isidro, con ella de rodete, vestido largo y tacos, sonrisa fácil y voz afinada y versátil.

“Me interesa mucho el aspecto corporal, el baile. Está claro que el foco está puesto en lo musical, pero siempre apuntamos a un espectáculo más completo, con una puesta en escena detallada. Siempre impacta ver a catorce músicos sobre el escenario, pero más aún cuando le sumamos el baile. Como intérprete no puedo disociar la interpretación vocal de lo corporal y la gestualidad”, asegura Elizabeth, con presentaciones en La Trastienda, Notorious, Boris Club, Bebop Club, Hipódromo de Palermo y La Tangente, y en los festivales Ciudad del Rock BA, AADI y sus intérpretes, La Noche de los Museos, Expo Innova y otros.

-El festival tuvo una gran presencia femenina con dos grupos formados íntegramente por mujeres y con tu propuesta al frente de catorce músicos, ¿cómo te suena eso? 

-Me parece fantástico, sobre todo en estos momentos donde hay mucha actividad de las músicas buscando y luchando por una ley de cupo femenino en los grandes escenarios. En mi caso, además de ser la cara visible de la orquesta, soy la productora, produje y edité con sello propio nuestro primer disco. Las mujeres tenemos mucho para aportar, mucho talento y compromiso en escena y detrás de la escena. Por eso, me parece muy importante que el festival de San Isidro haya dado este gran paso de incluir en su programación varios proyectos musicales encarnados por mujeres.

-¿Volverías?

-Me encantaría. Me quedé con las ganas de tocar en el Museo Pueyrredón (su show se trasladó por mal tiempo al auditorio del Colegio San Juan El Precursor, en el Bajo de San Isidro). Con ese marco precioso hubiera sido una maravilla. De todos modos, acá estuvo súper cómodo y vino muchísima gente. Eso evidencia que es un festival que construyó una gran reputación y que tiene un público que le pone la ficha, sale de sus casas y se larga a escuchar música en vivo. Además, para mí es una gran oportunidad ser parte de un festival con entrada libre y gratuita. Es clave que sigan existiendo este tipo de propuestas.

Una casa paterna donde se escuchaba folclore y mucho romántico latino, y una vocación musical que empezó a vislumbrarse tempranamente, a los 10, 11 años, cuando sin buscarlo se cruzó con un disco de Ray Charles. Y de ahí, mucho tiempo después, al rhythm and blues en tono profesional, que le permite una gran diversidad de interpretación a nivel vocal. “Es un género que me da muchas posibilidades de explorar diferentes tesituras musicales, sonoridades más jazzísticas, bluseras, pasar por el rock. Es ahí donde puedo jugar mucho con todo eso”.

Pasión por el gospell, el jazz y el blues, y por los clásicos del rock  y el pop de los 70 y los 80, como Don’t stop me now, Can’t buy me love, I gotta have faith, Nothing compares to you, Don’t let me down y tantos otrosque en su voz y con su orquesta parecen salidos de una rocola de un salón de los 50.

Y también pasión por la ciencia. “El escenario es el lugar donde realmente soy yo, donde me siento plena, pero también soy doctora en Biología y miembro del Conicet. En este cuerpo convivimos las dos, la artista y la científica, pero tratamos de que sea en distintos horarios”, dice sonriente al despedirse.