Se realizó ayer por la mañana la V Caminata por la Infancia y la Promoción de la Lectura. Gratis

El boulevard Dardo Rocha, a la altura del Paseo de las Bicicletas, en Acassuso, fue ayer desde las 10 una invitación a la ilusión. A esa hora, encabezada por malabaristas, clowns y un grupo de percusión, se puso en marcha la Caminata por la Infancia y la Promoción de la Lectura, del programa municipal Abuelos de Cuentos en San Isidro, que en esta V edición se dedicó a la poesía y tuvo como slogan Andar en poesía…abvuelo de pájaro.

Unos 400 metros, desde el 200 de Dardo Rocha, dominados por distintas postas en las que los abuelos recibían a libro y corazón abierto.

“Es un programa muy luminoso y que todo el año visita las escuelas del distrito para acercar la literatura a las aulas, pero lejos de los cánones académicos y sólo como un abuelo entrenado para narrar, como los nuestros, puede hacerlo. Una tarea inconmensurable, como la de hoy, que nos hace feliz con sólo pensar cuántos niños y niñas se van a acercar a la lectura de ficción después de ser parte de esta caminata”, comentó Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro, bajo cuya órbita se encuentra el programa.

Un ir y venir por las postas, siempre con la poesía como eje, sin pausa y con la ansiedad de lo que vendrá más adelante. Así, las familias pasaron por la Estafetica Poética, donde hubo personajes de María Elena Walsh, abuelos vestidos de época y la misma autora personificada. Un mostrador y postales a mano. ¿A qué personaje le vas a escribir? “A la Reina Batata”, respondió Maia (11) con los ojos brillosos de la emoción, cerca del típico buzón rojo, donde luego depositaría su carta con sello y estampilla incluida: Cuidado, el cocinero te quiere cocinar.

“Estos espacios fomentan la escucha de los chicos, los conectan con su imaginación y los trasladan a otros mundos. Me parece alucinante”, dijo María Ochoa, mientras sus nietos mellizos, Marcos y Juan (3), seguían como hipnotizados en el césped el relato de una abuela.

En el Campamento Literario, una gran pirámide construida con coloridas cintas, se entremezclaba el murmullo de los abuelos en medio del silencio de los chicos sentados sobre mantas y almohadones. Ahí nomás, la Sombrilla Poéticas, más intimista y con lugar sólo para un abuelo, un niño y una poesía.

“Es genial la propuesta. Mi nene conoció a los abuelos en su Jardín, el N°1, de Beccar, pero para nosotras es todo nuevo. Además, mañana (por hoy) ella tiene prueba de rimas y poesías, y le sirvió un montón todo lo que escuchamos”, dijo Lucía Ojeda, junto a sus hijos Felipe (5) y Caterina (10).

Irulana y el ogronte, Dónde está mi zapato y otros títulos estaban al alcance de la mano en la biblioteca móvil Los Andarines, como la rueda que debía girarse y tocaba lo que tocaba: trabalenguas, colmos, adivinanzas. Otra posta, Palabras al sol invitó a escribir y colgar de una soga términos en desuso, como paparulo, carrindanga y pejerto, ante el asombro de los chicos, y en Poseía en el aire grandes y niños respondieron preguntas poéticas en papeles que luego, siguiéndolos las instrucciones, se convertían en avioncitos. Y en todo el recorrido, abuelas en bici (abucletas) o a pie, con pancartas, sombrillas y susurradores que entregaban poesías directo al oído (y el corazón).

“En Abuelos encontré mi lugar en el mundo, es más recibir de los chicos que lo que les damos. Muchas veces los chicos ponen en palabras temas de un cuento que relacionan con su vida y que tal vez no dirían en otro ámbito. Es gratificante”, expresó Ana María Segovia (70), con dos años en el programa, a poco de leerle a una niña una poesía de Silvia Schujer.

“La caminata es el cierre de un trabajo anual que tuvo en 2019 a la poesía como eje central del curso de capacitación de los abuelos, además de los temas específicos de literatura infantil. Un año complejo, que con poesía fue mejor, en el que estuvimos en muchísimas escuelas y llegamos a más de 16.000 chicos”, dijo la narradora Graciela Deza, que dirige el programa desde hace doce años.

Tras casi tres horas intensas y divertidas, los tambores llamaron al cierre. Se leyó El árbol de las guitarritas, de María Elena Walsh, el trío Cabra de pata le cantó a los aviones y las burbujas, y al azar se sacaron varias postales del buzón, leídas luego en voz alta, como la de Mía Cutillo a Manuelita. ¿Qué onda?, seguís viviendo en Pehuajó, saludame pronto. Te quiero desde mi infancia.

+ Abuelos de Cuento en San Isidro está conformado por 120 abuelos mayores de 50 años, capacitados como narradores de cuentos y mediadores de lectura, que fomentan en forma gratuita y de un modo lúdico el hábito de la lectura a chicos de entre 2 y 12 años de escuelas públicas y privadas del municipio.

San Isidro, 19 de noviembre de 2018