Artistas en cuarentena: ocho preguntas para conocer un poco más a nuestros creadores

Platense, licenciada en Artes Plásticas y docente universitaria. Se destacan sus intervenciones en espacios públicos como Pasionarias a orillas del río, en la estación Correo Central del subte porteño. Mucho más cerca para los sanisidrenses, Colibrí, encomendada por la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro dentro del Programa de Emplazamiento de Esculturas en el Espacio Público de San Isidro, que fue emplazada en la rotonda de Camino Real y Panamericana, Boulogne, y motivó una interesante experiencia participativa en Central de Procesos, San Isidro.

Exhibió obras en la Fundación Klemm, Museo Nacional de la Universidad de Tres de Febrero, Museo Castagnino (Rosario), Fondo Nacional de las Artes, en la Galería Spanierman y otros sitios. Fue becaria de la Fundación Antorchas, realizó residencias en Holanda y en Londres, y en 2020 participó de una residencia, a través de la Beca Becar Cultura del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina y de la Secretaría Nacional de Cultura de la República del Paraguay, en la ciudad paraguaya de Aregúa.

-¿El momento tan especial que estamos atravesando impulsa o desactiva tu faceta creativa?

-Lo que me provoca este momento especial es, de alguna manera, la posibilidad de evaluar lo hecho, de confirmar el modo, el trato y la forma de hacer nuestro trabajo y su vinculación con los demás. En ese sentido, hubo una confirmación del afecto, el cariño y la cercanía con la que encaro mi trabajo.

-¿Qué obra/boceto/proyecto surgió?, de lo contrario, ¿qué tipo de obra, desde lo conceptual y estético, te gustaría plasmar en estos momentos?

-Hay algunos bocetos, principalmente pequeños gestos que tienen que ver con el dibujo en tinta. Dibujé muchas flores, quizás por mi preocupación de lo que pueda llegar a suceder o para poder retenerlas y así asegurarme de que el coronavirus no nos quite la primavera. También surgieron nuevas formas de trabajar la idea del encierro, pero no lo llamaría estrictamente de ese modo, sino la idea de quedarse en la casa y generar un microclima interno que en realidad nos aísla momentáneamente. De alguna manera, seguramente, vamos a tener que contagiarnos, de un modo más lento o de forma más paulatina, más allá de esa burbuja ilusoria que hoy representa el hogar o el taller.

-¿Libro, película, canción, pintura u hecho artístico que más te parezca que sintetice o nos pueda ayudar a comprender (transitar) este momento?

-En cuanto a la música escucho, sobre todo, canciones alegres, no puedo agregarle más melancolía a este momento, como Tribalistas. Por otro lado, terminé el libro La babosa, que sucede en Areguá, un pueblo paraguayo de tradición artesanal en cerámica, al borde del lago Ypacaraí y cerca de Asunción, donde hice una residencia de artistas hasta quince días antes de la cuarentena obligatoria [una experiencia que, de algún modo, para ella tuvo su correlato en la muestra Cosmovisión Natural, en el Centro Cultural Recoleta, que abordó la relación del hombre con la naturaleza, compartió con sus colegas Paula Duró, Maximiliano Peralta Rodríguez y Michael Edwards (Yaikel), y debió ser interrumpida por la cuarentena]. Y miro algunas series, más bien cortas, ya que en estos momentos no puedo sostener mucho la atención en un solo lado. Además estuve revisando algunas entrevistas a Luca Zingaretti, el actor de la serie El comisario Montalbano, que transcurre en Sicilia. Me interesó mucho porque lo que él hace, básicamente, es reflexionar sobre una ciudad que ya no existe, al menos como la muestra la serie, y también porque habla de los procesos creativos de quienes la filmaron, actuaron y escribieron. Lo que también hace Zingaretti en esas charlas es valorar las relaciones personales a partir de ciertos principios que tenían nuestros abuelos, como la amistad y el valor de la palabra. Me parece que en estos momentos son lugares necesarios. El que no los tiene debería recuperarlos y el que los tiene, ponerlos en práctica más aun. El sistema económico que determinaba el tipo de vínculo entre las personas se fisuró, no daba para más. Creo que es necesario pensar y regresar a esos valores e intenciones.

-¿Cómo pensás que está influyendo e influirá la pandemia al momento de pensar y concretar un hecho cultural?, por lo que se ve en las redes sociales ya  hay mucho material artístico relacionado con este tema.

-Seguramente va a influir al momento de pensar y producir un hecho cultural. En mi caso, extraño el contacto con los seres queridos. Disfruto mucho de los mundos que proponen otros artistas, me transportan. Me gusta ver muestras en vivo y en directo. Eso mismo en forma digital o a través de una mascarilla, definitivamente, no será lo mismo. En general y desde siempre, cuando hago pintura o trabajo en vidrio utilizo máscaras, pero no me siento cómoda con ella, la uso como un modo de protección para la salud. Creo que el uso constante de la mascarilla, en todos los ambientes, si será un nuevo acostumbramiento, un aprendizaje.

-Museos virtuales, cine virtual, muestras virtuales, recitales virtuales, teatro virtual, pantallas de por medio ¿Qué te sugiere?

-En general son experiencias y disciplinas que no me las imagino del mismo modo en que uno las siente en el vivo y en directo, donde el contacto estrecho con quien hace arte es tan importante y necesario. Pienso mucho en el teatro, en los amigos que hacen teatro. No sé cómo podrían llegar a transmitir emociones o conmovernos del mismo modo en que lo hacen en una sala con público presente. Se me hace difícil imaginar cómo van a transmitir sus recursos laborales, su dedicación, el modo de hablar, su gestualidad. Todo esto atraviesa el mundo y nosotros, como comunidad artística, realmente estamos muy  preocupados. Yo soy docente, aunque ese rol no ocupa la mayor cantidad de mis horas, y la universidad donde trabajo estableció un plan on line en el que las clases teóricas se adaptan, pero la situación cambia para los colegas que tienen talleres, y la situación es mucho más compleja aún para los artistas que no ejercen la docencia y tienen en su arte el único modo de sustento. Volviendo a la educación a distancia, puede saldar una parte del problema, pero la otra, muy importante, sucede solamente en la experiencia y en el encuentro directo con el otro.

-¿Tu lugar favorito en estos días en tu casa?, ¿por qué?

-Básicamente, mi taller. No lo tengo exactamente dentro de la casa, está saliendo y atravesando unos metros. En ese lugar, en ese silencio y detrás de esos vidrios, es donde hoy más me escucho internamente. Pero esto no significa que haya logrado trabajar o concentrarme en el trabajo. Si es el sitio donde estoy pensando mucho y leyendo mucho lo que opinan los filósofos y los sociólogos acerca de este momento, para tratar de entender y dimensionar lo que nos pasa.

 -De esta, ¿saldrás mejor artista?

-Entiendo que todos los individuos, mas allá de lo que hagamos, vamos a tener que salir mejor persona.

-De esta, ¿saldrá una sociedad peor, igual o mejor?

-Ojalá, yo creo que el mundo tendrá que mejorar. Por supuesto que todo lo vivido va a repercutir en las formas de trabajar, muchos se podrán adaptar más fácilmente, pero muchos otros no, y eso va a provocar más desigualdad. No sé cómo será de ahora en más, por ejemplo, la forma de contacto en los talleres, si el hacer, el poder concentrarse y detener la mirada en un pequeño dibujo, en un gesto o en una mancha podrá ser recuperado. Por supuesto que toda respuesta en estas instancias no es definitoria. Si antes, en libertad, por decirlo de algún modo, uno caminaba siempre con incertidumbre por la sorpresa del día a día, ahora… habrá más sorpresa, más incertidumbre y más mundo por soñar.