Artistas en cuarentena: ocho preguntas para conocer un poco más a nuestros creadores

Ecos de vidas y mundos que parecen lejanos, surrealistas. Guillermo Srodek-Hart fotografía la impermanencia de las cosas, viejos almacenes, pulperías, bodegones, gomerías, estaciones de servicio. Recorre paisajes, estaciona su camioneta, toca puertas descascaradas, obtura, congela espacios y personajes (cuando aparecen) de rasgos indescifrables. Es un juego de ausencias y presencias de cuerpos, en una suerte de antropología fotográfica que documenta, desde la estética de la imagen, el paso del tiempo y la muerte.

Guillermo nació en 1977, en Buenos Aires, y estudió Artes Visuales en Boston, donde vivió desde los 21 a los 29 años, trabajó, dio clases e hizo un master en fotografía. Desde 2003, durante los recesos de verano en Estados Unidos y mientras visitaba a su familia en Buenos Aires, comenzó a recorrer pequeños pueblos rurales bonaerenses en busca de antiguas tradiciones y formas de vida en espacios que parecen detenidos en el tiempo. Una modalidad de trabajo que cobró mucha más fuerza cuando se radicó definitivamente en el país. Expuso en la Argentina, Estados Unidos, España (ARCO-Madrid), Grecia, Brasil, Japón, Lituania, Alemania, Francia, Holanda y otras naciones. En 2013 participó en la Bienal de Venecia, en el Pabellón Italo Latinoamericano, que resultó una bisagra en su carrera. Dos años después, con el libro Stories resumió una década de trabajo. En 2018 integró Congruencias, que llegó a la Fototeca Latinoamericana (FoLa), Buenos Aires, y luego pasó en parte al Centro Cultural Kavlin, en Punta del Este, y al Centro de Fotografía de Montevideo. Una muestra que reúne sus fotos, las del argentino Fernando Paillet y las de los estadounidenses Walker Evans y Jim Dow. Casi un siglo en 134 imágenes de archivo que dialogan entre sí aniquilando todo límite temporal y espacial.

Guillermo lideró, también, el proyecto La Barriada, de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, que en 2017 capacitó en forma gratuita, y en fotografía y video (esta última disciplina estuvo a cargo de Anselmo Estrada) a trece alumnos de la Escuela N° 6 (Extensión 2060), del Bajo de San Isidro, quienes luego recorrieron este barrio con sus teléfonos móviles y la mirada curiosa para documentar lugares y personajes. El resultado fue una interesantísima exposición (experiencia) inaugurada en noviembre de ese mismo año en Central de Procesos.      

-¿El momento tan especial que estamos atravesando impulsa o desactiva tu faceta creativa?

-La mente creativa no se desactiva. Está siempre. El tema es el encierro. Yo dependo del viaje para sacar mis fotos, crear mi obra. Por eso, mi creatividad está orientada ahora hacia otras actividades, como ordenar archivos de fotos e investigar locaciones para futuras tomas, y también en disfrutar de esta pausa forzada, que obliga a intentar frenar la máquina, estar en el aquí y en el ahora. Un aquí y ahora que me alejó de mi barrio, Palermo, y me encuentra en Martínez, haciendo la cuarentena junto a mi madre.

-¿Surgió alguna obra o boceto durante la cuarentena? De no ser así, ¿qué tipo de obra te gustaría comenzar a plasmar en estos momentos? ¿Formatos, contenidos?

-Durante la cuarentena no he creado fotos nuevas excepto algunas imágenes que estoy registrando para un futuro, como anecdóticas, para cuando contemos cómo vivimos el encierro. Sí estoy muy dedicado a la edición y postproducción de las fotos de un proyecto nuevo vinculado con ruinas en la provincia de Buenos Aires, y comenzando otro que no es fotográfico y consiste en el armado de maquetas en pequeña escala. Es una iniciativa que está muy en sus comienzos así que no puedo profundizar mucho más. Sí creo que en esta instancia es importante encontrar cosas qué hacer, ocupar el tiempo de manera productiva.

-¿Algún libro, película, canción, pintura o hecho artístico que sintetice o nos pueda ayudar a comprender (transitar) este momento?

-Yo creo que todo lo que nos ayude a entender este singular momento que nos toca vivir es relevante. Me parece tan intenso lo que está sucediendo que no puedo sintetizarlo en una canción, un libro, una película o una pintura. Creo que el arte, en cualquiera de sus expresiones, aparece como algo vital en los momentos de crisis. ¿Dónde encontramos una explicación a lo que nos está pasando? ¿Dónde se refleja nuestra condición humana, nuestras emociones? Definitivamente,  en las artes. La pandemia nos enseña lo importante que son las expresiones artísticas para explicar y ordenar el caos.

-Museos virtuales, cine virtual, galerías de arte virtuales, recitales virtuales, teatro virtual, ferias de libros virtuales, pantallas de por medio ¿Qué te sugiere?

-Íbamos en esa dirección. El COVID lo que hizo fue acelerar el tiempo. Hoy todo pasa por una pantalla. Nuestras relaciones humanas, nuestra educación, el entretenimiento, la salud, la información, nuestros permisos para circular. Era inevitable. Tenemos la oportunidad de analizar el uso que le vamos a dar a nuestro tiempo frente a esa pantalla, así como qué haremos cuando no estemos frente a ella. La nueva normalidad nos forzará a realizar cambios radicales en lo cotidiano, como dejar de compartir el mate, saludarnos de lejos, relacionarnos vía teleconferencias, lavarnos las manos obsesivamente. En poco tiempo nos hemos hecho mucho más dependientes de la virtualidad con el uso creciente de teléfonos, tablets y computadoras, y desplazando o eliminando otras actividades. La pantalla invita al encierro y limita nuestro contacto físico. Entonces, lo que antes era virtual hoy es normal. La pregunta, teniendo esto en cuenta, sería: “¿Qué estaría ocupando el rol de lo virtual cuando lo virtual es lo normal?”…, Justamente, tener una experiencia corporal hoy sería lo distinto. Disfrutar en tu jardín de la naturaleza, trabajar en un cantero, observar el comportamiento de una mariposa, sentir los olores que trae el viento, cocinar un pan casero, un abrazo, un beso. Eso sería hoy lo especial y diferente. ¿O acaso no extrañamos todo eso?

-En las redes sociales surgió mucho material artístico y concursos que toman la pandemia y la cuarentena como eje central. ¿Le prestas atención a esa movida?

-Aún estoy en proceso de entender lo que está sucediendo. En lo personal esta situación me ha llevado a un diálogo más interno, a un momento de profunda reflexión. Sí he podido hacer charlas virtuales sobre la muestra Congruencias en el Centro Cultural Kavlin de Punta del Este y en el Centro de la Fotografía en Montevideo, tanto por mi cuenta como en simultáneo con Jim Dow desde Boston, incluyendo un encuentro virtual que tuvo preguntas y respuestas con la audiencia. Con Jim nos conocimos en 2001 bajando la escalera de la escuela del Museo de Bellas Artes de Boston. Ese día, Jim, que era profesor y jefe de cátedra, lucía una camiseta de Boca y ya estaba enamorado de la Argentina, adonde había viajado varias veces por trabajo. Fue un encuentro casual y clave para mí, porque me hizo apartar definitivamente de la idea de trasladarme a una universidad europea, anotarme en sus clases y, con el tiempo no sólo terminar siendo su asistente, sino también grandes amigos. Pero volviendo al inicio, también me hablo con algunos colegas para ver en qué anda cada uno y veo que somos muchos los que nos hemos volcado al revisionismo de nuestra obra. Mirar, pensar y ordenar fotos también es un acto fotográfico.

-¿Tu lugar favorito en estos días en tu casa?

-Mi lugar favorito es el jardín. Por suerte, puedo pasar tiempo a la intemperie, limpiando, pintando, haciendo arreglos, trabajos de carpintería, cositas aquí y allá. Son actividades que me ayudan a que los días pasen más rápido, a tener la mente tranquila y el cuerpo en movimiento, que es fundamental, a estar al sol y evitar la sobredosis de noticias. Son momentos en los que pienso mucho en los talleres y en los espacios de los viejitos que he fotografiado, y en cómo ellos se identificaban y amaban su profesión. Ahora siento que, un poquito, es lo que yo también estoy experimentando, eso tan lindo de estar yendo y viniendo en un espacio, haciendo, arreglando, inventando, solucionando.

 -¿Este tiempo ayudó a pensarte como artista plástico?

– Me di cuenta lo que extraño viajar, agarrar la ruta, los caminos, salir sin rumbo fijo, encontrar los tesoros para fotografiar. Se me hizo evidente que eso es una parte fundamental de quien soy. También añoro interactuar con colegas y alumnos, participar o presenciar exposiciones. Con Jim teníamos programadas una serie de charlas y workshops presenciales en el marco de Congruencias en Uruguay, que lamentablemente tuvimos que cancelar. En verdad, extraño todo eso, las oportunidades de conocer y relacionarme con gente desde la docencia y la pasión. Las clases virtuales cumplen su rol, pero creo que todos añoramos estar cerca de los amigos y de los colegas, y poder compartir de modo presencial momentos y experiencias.

-¿Crees que de esta pandemia saldrá una sociedad peor, igual o mejor?

-Espero, anhelo, que de esta pandemia salgan sociedades mejores, y eso depende de los individuos que las conforman. Tengo miedo de que una vez que esto pase, todos salgan a buscar reencontrarse con sus viejos hábitos. Creo que sería un error, dado que el mundo va a haber cambiado. Hoy el aislamiento nos permite revisar nuestras vidas, presente y pasado, así como proyectar un futuro. Creo que si no salimos de esto con la mente cambiada es muy probable que hayamos desaprovechado una gran oportunidad.