Artistas en cuarentena: ocho preguntas para conocer un poco más a nuestros creadores

Tiene 38 años, vive en San Fernando y es un artista contemporáneo que reflexiona con sus investigaciones sobre el acceso a la información, la mediatización de material visual y su circulación a través de diversos dispositivos tecnológicos. Obras en las que las redes sociales no son ajenas y en las que interpela sobre cómo éstas modelan nuestras formas de comunicarnos, de ver y pensar el mundo. Así, en base a una mixtura de disciplinas, video, dibujo, fotografía, instalaciones y echando mano a herramientas digitales, Alejandro explora en lo cotidiano y sus accidentes, pone la mirada en el registro de lo ajeno, espontáneo y colectivo, y también en su propia experiencia y producción individual. Todo se sumerge en un universo performático e intervenido, en el que lo absurdo, el humor y la ironía no pasan inadvertidos.

Egresado de la Escuela Superior de Artes Visuales Regina Pacis, Alejandro ganó la Beca Fondo Nacional de las Artes FNA-Conti (2015) y la Oxenford (2018), y en 2016 accedió al Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella. Fue parte de ferias en el país (ArteBA y muchas otras), en Lima y en San Pablo, expuso en la Argentina, Chile y Bolivia, e integró muestras colectivas en el CCK, MAMBA, Ciudad Cultural Konex y otros espacios. Entre sus últimas muestras están Una transversalidad oblicua corre por el agua quieta de la acequia, en la galería Quadro (2019) y Exposures, una exposición individual de video y arte sonoro que se montó en septiembre de ese año en la residencia oficial del embajador argentino en Londres. Además participó con S/T de la exposición en Casa Nacional del Bicentenario que reunió las obras premiadas y seleccionadas en el Concurso de Artes Visuales del FNA (2019).

Alejandro también obtuvo el Premio Artes Visuales Municipio de San Isidro “Kenneth Kemble” (2019), de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, en la categoría Gran Premio. Una iniciativa concebida como plataforma de becas que incentiva económicamente y acompaña por medio de tutorías profesionales la producción poética, artística, reflexiva y crítica de obras en vías de desarrollo. Propuesta federal y de inscripción gratuita que en su última edición destacó además, entre 516 proyectos llegados de todo el país, los trabajos de Marina Daiez, por Sucia ingobernada (Premio Beca Joven) y de Julieta Barderi por Ser. Par Ser. Ver (Premio Beca Residente).

“Me interesa el transitar como material, las acciones ordinarias como químico de revelado y el estar como performance solapada”, expresó Alejandro en la carpeta de presentación al certamen sanisidrense, que ganó por La otra semana pasada en un rato más o menos lo normal es el mismo lugar.

-¿El momento tan especial que estamos atravesando impulsa o desactiva tu faceta creativa?

-La verdad, está desactivada. O está en otro lado. Lo que no tengo ganas de hacer en este momento es producir obras. No las tuve al principio de la cuarentena por la falta de horizontes, de lugares dónde mostrar, y no las tengo ahora, cuando empiezan a abrir las galerías o se las inventa y se hacen muestras reales (pero que existen más para las redes) o virtuales, por falta de marcos que me parezcan interesantes. Como no tengo proyección no me pongo a trabajar y no me surgen ideas. Más allá de esto, el momento como tal solo me hace pensar. Además no estaría cómodo haciendo cosas en relación a la cuarentena y mostrándolas en el acto (como veo que pasa con algunos contenidos artísticos), porque sentiría que más que hacer un aporte me estaría aprovechando de la situación, de un problema enorme con miles de muertos y gente que la está pasando realmente mal. Como si se tratara solamente de quedarse en casa… La oferta cultural virtual no sólo aumentó considerablemente, sino que es la única que hay, y por el momento, más allá de las múltiples posibilidades que supuestamente ofrece, lo que vemos es un achatamiento de los contenidos y una homogeneización de las formas, donde sólo importa mostrar y todo se parece a todo.

-¿Surgió alguna obra/boceto/proyecto durante la cuarentena? De lo contrario, ¿qué tipo de obra te gustaría plasmar en estos momentos?

Trabajé únicamente durante los primeros días de la cuarentena, en los que terminé unas pinturas chicas que ya venía haciendo, basadas en fotos tomadas por mí de desperdicios alojados en los canastos para la recolección de basura en las veredas. Después de eso no hice nada más. Tampoco se me ocurrió nada. Las pinturas están ahí, colgadas en la pared de mi taller, en mi casa. Ellas se volvieron un desperdicio. Además la situación conspira un poco contra un aspecto importante de mi obra. Mi trabajo está muy atravesado por los fenómenos tecnodigitales, con sus usos y las nuevas gestualidades que traen, sin que mi obra sea precisamente tecnológica. Me interesa pensar en esas cosas cruzadas con nuestra experiencia cotidiana, entendida en un sentido físico, analógico, no virtual. El problema es si esa manera de entender la cotidianidad dejó de existir completamente, que es una de las cosas que pareciera decir el confinamiento. No sé, entonces, qué obra podría hacer… más quisiera buscarle una salida como individuo que como artista.

-¿Libro, película, canción, pintura u hecho artístico que sintetice o nos pueda ayudar a comprender (transitar) este momento?

-No sé. La verdad es que no creo que las obras nos puedan ayudar en ese sentido. Si lo hacen, tal vez sea por su componente no artístico, del que toda producción nunca está libre. Para comprender, me parece que lo mejor es la información, pero hay tanta y tan disímil que es imposible manejarse únicamente con la que vale la pena, si es que tuvimos la suerte de identificarla. La cuestión va a estar, más que en sobrellevar el momento, en qué decisiones tome el mundo después y, en definitiva, serán los gobiernos los que las determinen, y el arte puede proponer modelos alternativos o fugas.

-¿Cómo pensás que está influyendo e influirá la pandemia al momento de pensar y concretar un hecho cultural? Por lo que se ve en las redes sociales ya hay mucho material artístico relacionado con este tema.

-Me preocupa que las formas que se están adoptando sobrevivan como única cosa. De seguro que de todo esto van a aparecer propuestas interesantes, pero lo importante va a ser que no se piense que los modelos virtuales de exposiciones, recitales o hechos culturales online son mejores porque cuestan menos dinero sostenerlos (en caso de eventos del arte y la cultura financiados por el Estado) o porque uno puede consumirlos desde la casa o el teléfono. Pensando en una escala más chica, en lo que a mí respecta, hacer una muestra no será distinto a como fue antes de la pandemia. Habrá que esperar un tiempo, pero en cuanto se pueda se volverá a hacer, invirtiendo lo que esté al alcance para que los amigos vayan, la vean y salgamos a comer algo.

-Museos virtuales, cine virtual, muestras virtuales, recitales virtuales, teatro virtual, pantallas de por medio ¿Qué te sugiere?

-Que nada de lo virtual está bueno cuando es lo único que hay. Antes de todo esto ya me preocupaba mucho la duplicación del mundo, la creación de un doble virtual de cada cosa que nos rodea. Pero lo verdaderamente preocupante empieza ahora, cuando lo que sirve de modelo está siendo exterminado. Lo virtual es una amenaza si no se opone a lo real.

-¿Tu lugar favorito en estos días en tu casa?

-Paso más tiempo que antes en la cocina. No diría que es mi lugar favorito, pero encuentro comodidad y concentración ahí, sobre todo a las noches.

-De esta, ¿saldrás mejor artista?

-No creo, porque para hacer buenas cosas hay que trabajar en eso y con dedicación, y de este gran hueco se saldrá lento, de a poco. Por lo pronto saldré menos prolífico.

-De esta, ¿saldrá una sociedad peor, igual o mejor?

-La mayor parte del tiempo pienso que saldrá una sociedad mucho peor, con todos los mismos males enquistados pero amplificados, con un consumo potenciado y un nivel de control directamente insufrible. El resto del tiempo pienso que seguirá tal cual estaba, con la gente conforme de haber regresado a su vieja normalidad, cosa que en el fondo sería peor, porque nos daría la evidencia contundente de que no habrá ya cosa que pueda generar cambio alguno en el mundo.