22 de noviembre: Día de la Música, en la palabra del destacado pianista de San Isidro 

Nada mejor que celebrar el Día de la Música con uno de los grandes músicos argentinos y del pago chico, el pianista Tomás Alegre. Su padre Osvaldo lo inició en la música, fue un talento precoz y a los 12 años debutó en el Teatro Gran Rex como solista del concierto para piano y orquesta K. 415 de Mozart. Lo amadrinó Martha Argerich y en mayo de 2017, a los 24 años, deslumbró en el Teatro Colón con el Concierto N° 1 de Chaikovski.

Hoy, a los 28 años, este hincha fervoroso de River, ex alumno de los colegios Santa Isabel y 20 de Junio, en San Isidro, el lugar donde se crió (nació en CABA, pero a los pocos días vino a esta ciudad), completó su etapa escolar y al que siempre quiere volver, es uno de nuestros más prestigiosos embajadores culturales en el mundo.

En un 2020 complejo y atípico, alejado de los conciertos presenciales, desde Madrid nos cuenta que su fórmula para sobrellevar todo fue estudiar y estudiar. “Tuve una presentación recientemente en Santiago de Compostela, ya que se abrió en forma parcial la cuarentena, en una sala con asistencia muy controlada de público, pero básicamente fue un año de muchísimo estudio, lo que me permitió ampliar mi repertorio, tanto en conciertos, música de cámara y piano solo”. 

-¿Seguís con tu formación en la Escuela de Música Reina Sofía de Madrid?

-Sí. Ahora continúo el año académico 2020/2021 haciendo un curso de perfeccionamiento en piano con el maestro ruso Dmitri Bashkirov y también en música de cámara con la profesora húngara Márta Gulyás en la Escuela Superior de Música Reina Sofía. En 2017 fui aceptado por Bashkirov en su cátedra para estudiar en la Escuela Reina Sofía, donde obtuve el Título Superior de Música en 2019 y este año el Máster en Enseñanzas Artísticas de Interpretación Musical.

-¿Te gusta el modo en cómo los argentinos nos relacionamos con la música, ya sea sobre el escenario o en la butaca?

-A los argentinos, en general, nos agrada la música y sus diferentes estilos. Creo que somos muy abiertos en los gustos y existe una relación diferente con cada uno de ellos. No es igual el público de rock o pop que el del clásico o el jazz. Sobre el escenario, la relación que se establece depende de cada artista y en qué dirección quiere transmitir su arte. Yo intento expresar sin palabras la música escrita en una historia y mi mayor satisfacción es que el público pueda concentrarse y disfrutar de ese momento de magia. En mis últimas presentaciones en Buenos Aires percibí, desde mi lugar, un respeto increíble a lo largo de todo un programa de casi dos horas en el CCK.

-Fuera de la música clásica, ¿qué otro género seguís, te sacude, conmueve, atrapa, entretiene?

-Yo nací rodeado de música en mi casa, por discografía e instrumentos, y me nutrí del rock, pasando por el jazz y el clásico. También hice arreglos de Piazzolla para un trío de aquí, en España (se puede ver y escuchar en su canal de Youtube). Cuando era chico empecé escuchando The Beatles, que son mis favoritos, y rock progresivo. Eso fue lo primero que realmente me atrapó cuando era chico, algo que me sigue pasando.

-¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando recordás tu primera presentación en el festival El Camino del Santo?

-En ese momento era muy chico, tenía 15 años, y estudiaba con la profesora Susana Kasakoff. Fue la primera edición del festival (en el segmento Jóvenes Talentos), en 2008, y en un Teatro del Viejo Concejo que estaba colmado de público. Para mí fue una tremenda responsabilidad, nunca voy a olvidar el enorme entusiasmo que tenía de poder mostrar mi trabajo de los grandes compositores ante la gente de mi barrio.

-A modo de juego, ¿cómo te imaginarías un mundo sin música?

-No me lo imagino, no me imagino un mundo sin música. La música no es un pasatiempo o un entrenamiento. La música une a los países y no hay fronteras para compartirla. Yo creo que definitivamente la buena música hace mejores a las personas. En 2011 tuve el honor de recibir el premio «Honrando a la Medicina», que me entregaron en el aula Magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. La música sirve para ayudar y curar, sin dudas.

-¿Qué obra elegirías para celebrar tocando el Día de la Música?

-La Novena Sinfonía de Beethoven, porque es una de las obras más trascendentales e importantes de la historia de la música y se ha convertido en símbolo de la libertad y fraternidad. Sí, creo que sería esa.

+ El Día de la Música se festeja el 22 de noviembre en homenaje a Santa Cecilia, que fue perseguida por el Imperio Romano debido a sus creencias cristianas y decapitada luego de cantar alabanzas a Dios. En 1594, el Papa Gregorio XIII la nombró patrona de todos los músicos. 

San Isidro, 22 de noviembre de 2020