Organizó la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro en el Museo Beccar Varela. Gratis

Ayer, en el Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro, Dr. Horacio Beccar Varela, más de 60 personas reflexionaron durante el encuentro gratuito Finlandia a la vuelta de la esquina, de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, sobre las distintas maneras de hacer en los museos a partir de las charlas de Kati Kivimäki, directora del Museo Forssa, de ese país, y de Mariana Salgado, directora de Inland Design, un laboratorio de innovación y diseño del Servicio Finlandés de Inmigración.

Así, de 9 a 15, funcionarios y empleados de museos de distintas jurisdicciones (desde la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, el municipio de Tigre y otras), además de los tres municipales de San Isidro, miembros de entidades privadas como la Fundación Typa, estudiantes y artistas pusieron el foco en el Forssa, un museo pequeño en una comunidad pequeña, ganador en 2014 al premio a mujer museo de su país y de enorme impacto nacional.

“El Forssa tiene un presupuesto y personal muy acotado. Es el concepto que rige en los museos de San Isidro, esa idea del borde o periferia que se hace centro por su innovación y creatividad. Los museos deben trascender sus muros, entender que la comunidad tiene mucho para decir y saber comprender a sus múltiples audiencias, desde las edades más tempranas, cada cual con sus intereses particulares”, dijo Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro, durante la jornada, en Adrián Beccar Varela 774.

“No podemos disociar la comunidad con el museo, un museo debe estar vivo en el tiempo del público que tiene alrededor. Y su diseño debe ser integral, desde el pensar en procesos y planificar con objetivos hasta trabajar con equipos multidisciplinarios que se enriquezcan con la voz del otro”, comentó Kivimäki, maravillada por el número de participantes y su entusiasmo, y por la colección y la vista al río del Beccar Varela.

El Forssa no sólo conserva patrimonio histórico de Finlandia. También tiene otras áreas vinculadas con la antigua fábrica textil, sus diseños y sus trabajadores, que funcionó en su actual sede. Por eso, al inicio del encuentro moderado por Mercedes Pugliese, de la Red de Educadores de Museos y Centros de Arte en la Argentina (Remcaa), se invitó al público a colgar de una soga sus objetos (lapiceras, relojes, pulseras) a modo de disparar el sentido del diseño como algo muy personal, pero también como una instancia colectiva y de impacto en lo cotidiano.

Pero más allá de las ponencias en Powerpoint, los participantes también fueron actores. En grupos diseñaron un guardarropa en papel que luego llevaron a piezas Lego y luego tiraron dados en un juego que permitió reflexionar en sus mesas y con el resto sobre los aciertos y fracasos de distintos proyectos.

Salgado habló de su tesis doctoral llevada a tres museos de Helsinki. Un mapa interactivo en el que la gente podía comentar las pinturas de una muestra, una visita guiada a cargo de no videntes que habían podido tocar algunas esculturas y otra visita animada con música y poesía inspirada por las piezas. “La meta es democratizar el discurso, generar diálogos novedosos en los que el curador no sea el único que tiene la palabra”, expresó la especialista.

“Los felicito por la modalidad, de la charla al taller, muy enriquecedora”, dijo Aldana Fernández, del Museo Evita. “La estrecha relación del Forssa con su comunidad no está para nada distante a la del Museo del Juguete de San Isidro con la suya. No estamos lejos desde lo conceptual. Y me encantó el juego, nos puso en movimiento y permitió conocernos de otro modo”, expresó Matías Villalba, educador de la institución de Boulogne.

Sobre el final, donde también reinó el juego, el diseño y la fantasía, el artista Pedro Aparicio guió a todos en la construcción de un barco de papel que luego se colocó en Deriva, una instalación concebida y realizada en el Centro Cultural Taller de La Ribera, en el Bajo de San Isidro, con un deseo que quedó en la cabeza de cada participante.

“Hay museos que resguardan el patrimonio de la Humanidad, pero hay muchos otros que no conservan la Piedra Rosetta y sin embargo son importantes en la vida cotidiana de la gente. Esa es la gran oportunidad y responsabilidad de los museos comunitarios y locales –concluyó Jaureguiberry, que deben reflexionar sobre por qué hoy sus piezas son relevantes, por qué las estamos mirando y qué tipo de relaciones establecemos no sólo con ellas, sino también con las otras personas que las miran”.

San Isidro, 14 de diciembre de 2018