11 de diciembre: Día Nacional del Tango, en homenaje al Zorzal Criollo y a Julio De Caro 

En el Día Nacional del Tango, imposible evadir a la figura de Carlos Gardel, que en 1933 tuvo una intensa relación con San Isidro a partir de cinco presentaciones que marcaron a los tangueros del pueblo. La última, el 5 de noviembre, tendría un valor especial, ya que se convertiría en su última actuación en vivo en la Argentina.

“Aquellas presencias de Gardel fueron un hito en la historia del tango en San Isidro. Una relación muy intensa que perdura y se renueva todo el tiempo en la inmensa cantidad de alumnos de tango de nuestras Casas de Cultura y en la milonga de la Plaza 9 de Julio, en Martínez, que convoca a gente de todas las edades en torno de un ritmo que nos identifica en el mundo”, expresó Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro. 

La primera vez de Gardel en San Isidro, al menos en su rol de cantante, fue el 13 de mayo de aquel año en el desaparecido Cine Teatro Acassuso (9 de Julio 533), frente al actual Palacio Municipal. Dicen que llegó en un automóvil conducido por su chofer y que antes del espectáculo se acomodó el poncho y caminó hasta la Plaza Mitre, acompañado por el actor Vicente Padula, donde se estaba celebrando la tradicional kermesse, como parte de los festejos por San Isidro Labrador (15 de mayo). Sus guitarristas llegaron en tren y caminaron por Belgrano hasta el cine, donde la proyección del film Aquí sobra uno abrió el show, con un Gardel sin micrófono y con sólo tres filas ocupadas.

El Morocho del Abasto regresó al mes siguiente, pero a Martínez, a la sala del cine Astro. La tercera actuación tuvo lugar en la segunda quincena de septiembre -cuenta el historiador local Jorge Tirigall en su libro Algo de Nuestro Ayer-, con muchas butacas del Real Cine (actual Teatro Stella Maris) vacías, pese a las volanteadas de días anteriores por el pueblo.

Pero esa presentación no terminó ahí, sino que siguió con una caminata por el centro de San Isidro junto a sus guitarristas y muchos de los espectadores hasta el tradicional café La Covacha, en Belgrano 300, frente al mástil. Dicen que allí se escuchó lo mejor de El Zorzal en una velada a puro tango que concluyó con el cantor pidiendo y pagando la cuenta de los presentes.

La última visita se dio el domingo 5 de noviembre, cuando la voz de Gardel sonó con fuerza en la casa de su amigo, el cuidador Francisco Maschio, en Von Wernicke 3022, Boulogne. Aquella vez tuvo, sin saberlo, ribetes históricos. Fue su última actuación ante el público argentino, ya que dos días después embarcaría a Europa en el lujoso y moderno vapor Conte Biancamano. Más de 180 invitados, casi todos amigos y del mundo del turf, como Irineo Leguisamo, asado, pollo, puchero y choque de copas con champagne francés.

Iniciador y máximo exponente del tango canción, símbolo de nuestra cultura y uno de los intérpretes más importantes de la música popular en la primera mitad del siglo XX, Gardel falleció dos años después, el 24 de junio de 1935, en Medellín, Colombia, en un accidente aéreo que catapultó al mito.

Gardel, el de la voz registrada en 2003 por la Unesco en Memoria del Mundo, un programa para la preservación de documentos pertenecientes al patrimonio histórico de los pueblos del mundo, el que enamoró con su voz y con su pinta, el que cada día canta mejor

+ El Día Nacional del Tango se celebra el 11 de diciembre porque ese día nacieron dos íconos del tango, Gardel, en 1890, y Julio De Caro, destacadísimo violinista, compositor, arreglador y director, en 1899. Una iniciativa del compositor y productor artístico Ben Molar presentada en 1965 y aprobada finalmente en noviembre de 1977 por decreto municipal de la Ciudad de Buenos Aires, y en diciembre del mismo año por decreto nacional.

San Isidro, 11 de diciembre de 2020