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TATU DAELS: “PINTAR DONDE UNO VIVE ES MARAVILLOSO”

En Primera Persona: el artista visual que interviene la fachada del edificio de Zoonosis, en San Isidro 

Sebastián Tatu Daels: “Soy un agradecido de estar pintando acá y de que se visibilice el trabajo de los artistas locales, que son muchos y buenísimos”

Pide un minuto, desde la escalera, para terminar unos detalles y seguir pintando el borde con un pequeño rodillo. Tiene la remera y el pantalón lleno de pintitas de todos los colores. Su figura, ahí arriba, se entremezcla con la de perros y gatos que son parte del mural que está plasmando en la fachada del edificio de la Dirección de Zoonosis del Municipio de San Isidro, por encargo de la Subsecretaria General de Cultura local.

Tatu, como se lo conoce a Sebastián Daels, baja los cinco o seis escalones y pone pie firme en la vereda de Tres de Febrero 536, forrada con cartones para minimizar las manchas en las baldosas. Resaltan las siluetas de los felinos por un lado y la de los canes por el otro, separadas por la puerta de acceso al edificio y unidas por una misma estética, en la que el colorido resalta, entre verdes, rojos, azules, negros y amarillos de distinta intensidad. El artista no pasa inadvertido con su despliegue de tachos de colores, pinceles, brochas, rodillos de todos los tamaños y una escalera que pliega y despliega.

“Este trabajo tiene más que ver con algunas de las últimas cosas que estoy haciendo con la ilustración y no sé si tanto con mi faceta muralista. Empecé el lunes pasado y creo que me verán por acá hasta el miércoles próximo, si el tiempo acompaña”, afirma Tatu Daels (1984), que no pasa inadvertido con su despliegue de tachos de colores, pinceles, brochas, rodillos de todos los tamaños y una escalera que pliega y despliega.

-¿Qué te dicen los vecinos?

-Les gusta, algunos pasan, se paran y me charlan, me dicen, por ejemplo, que sus hijos también pintan y una mujer hasta me invitó a visitar la capilla Santa Ana, en Glew, con murales pintados por Soldi. Pero lo que más me transmite la gente es que está quedando muy lindo, creo que están muy contentos con el resultado.

-¿Y la gente de Zoonosis?

Al principio, y es lógico, había ciertas dudas, pero en la medida en que nos fuimos conociendo y van viendo lo que está sucediendo se fueron generando momentos muy lindos de charlas, de conocernos, de conocer qué hacen y quiénes trabajan acá adentro, desde la veterinaria que castra los animales hasta los empleados que los reciben.

El boceto con animales está en el suelo, gatos de orejas paradas y largos bigotes, y perros de todos los tamaños que rodean las dos ventanas por lado y fueron dejando atrás el amarillo cremita y en algo el salpicré original del paredón de 14 metros por cuatro.  

“Gente de Obras Públicas vino a tapar imperfecciones, como algunos agujeros en la pared y el hueco que había dejado un equipo de aire acondicionado ¿Con qué estoy pintando?, con un hidroesmalte al agua que forma una especie de película de fácil lavado y de gran resistencia a la intemperie”.

A Tatu no es difícil adivinarle la sonrisa debajo del barbijo. Una sonrisa plena que aparece cada vez que este pintor, muralista e ilustrador habla de lo que más le gusta, el arte, al que se dedica desde hace 15 años.

Pasó por distintos talleres de dibujo y pintura, se recibió en Artes Visuales en la Regina Pacis, San Isidro, se fue a Misiones (donde también dejó su impronta artística) para estudiar la carrera de guardaparques y regresó a Buenos Aires (donde hizo algo de escenografía) con un interés creciente por la naturaleza y una paleta llena de colores. Un artista convencido de que el mensaje transforma el espacio, que se rebela contra la vorágine de las ciudades y les pone animales, colores y personajes, y que reconoce en la pintura el poder de dar voz a las situaciones que nos atraviesan.

“El equipo de Cultura del municipio me contactó a partir de que Eleonora (Jaureguiberry, responsable de esa área) vio “El rulo rosa”, una novela gráfica que publiqué en 2019 de manera autónoma, bajo el sello independiente Cokcoq, que lanzamos con Nacho Avalos. Es un libro infanto-juvenil, también para los niños que los adultos tenemos adentro, sobre animales rosas a los que una niña les va dando color”, dice el autor de “Estornino pinto, alma de boyero”, su primer libro de ilustraciones digitales, y el también ganador de una mención en el Premio Estímulo a la Escritura “Todos los tiempos el tiempo” (diario La Nación, Fundación Proa y Fundación Bunge y Born) por su proyecto de novela gráfica “Mykure” (que significa comadreja en guaraní), que sigue desarrollando y cuyo estilo de dibujo el jurado definió como “inusitado”.

-¿Qué significa para vos pintar un mural en este barrio?

-Siempre me interesa estar y pintar el entorno, pintar donde uno vive es maravilloso. Soy un agradecido de estar pintando acá y de que se visibilice el trabajo de los artistas locales, que son muchos y buenísimos. Para mí, esta oportunidad es una alegría enorme.

-¿Sos del barrio?

-Vivía en Olivos y ahora vivo en Acassuso, pero pasé miles de veces por acá, por estas cuadras. Valeria, mi compañera, hizo la residencia en Pediatría en el Hospital Materno Infantil, acá a la vuelta, asique es un barrio que me resulta muy familiar.

La pintura y el dibujo estuvieron siempre, desde la infancia y en todos lados. Dice que su mamá estimuló su faceta artística, le sugirió talleres y le generó las condiciones para que pudiera desarrollarla, y de su papá tiene muy presente el dibujo de un señor andando en bicicleta y el de una carrera de autos que le hizo para que los coloree.

Jornadas de pintadas en los paredones de la calle Tomkinson, San Isidro, murales en nuestras provincias y muchos en la Ciudad de Buenos Aires, sobre todo en barrios populares y necesitados, como Ciudad Oculta y el Barrio Los Piletones, fueron parte de su recorrido artístico. Integró, además, el equipo que intervino el túnel de la Avenida Nazca con la figura de Gilda y el de la Avenida Balbín con la de Goyeneche. En Barracas, dejó su impronta en dos murales, el más grande (y más lindo para muchos) refleja a dos mujeres en un atardecer, que él define como protectoras de la naturaleza, una con una semilla de araucaria en la mano y la otra con un cardenal.

En 2019 abrió por primera vez su casa para el festival municipal Puertas Adentro, tiene su taller en Beccar, que comparte con otros artistas y donde transita sus caminos artísticos habituales y experimenta con nuevas tecnologías, se considera un educador ambiental y cree en la naturaleza, en la diversidad, en la unión y en la igualdad de derechos.

En estos días, junto a otros seis artistas urbanos, participa de la muestra multidisciplinaria “Umbral” (de Sullair Cultura), que tras pasar por Buenos Aires y Mendoza se exhibe ahora en el Museo Emilio Caraffa (Ciudad de Córdoba) y cuestiona los umbrales difusos del arte contemporáneo, los límites que habitan el cuerpo, el territorio, la cultura, la historia y la propia praxis artística.

“La idea de Umbral es mostrar la obra de taller de artistas que intervenimos el espacio público. En mi caso surgió pintar el punto de encuentro entre lo animal y lo humano, los espacios que habitamos y cómo nos vinculamos. Participo con dos cuadros grandes, de tres metros por dos. Uno es un jaguareté agazapado entre una planta de zapallos y el otro muestra animales autóctonos bajo la luz nocturna, del tapir al tatú”. 

-¿Qué es el arte urbano?

-Es la posibilidad de contar en el espacio público y de que la obra sea realmente patrimonio de todos. Que las personas puedan apropiarse de esas pinturas y de esos lugares me parece espectacular.

-Ya falta menos para terminar el mural de Zoonosis.

-Me falta terminar darle color a algunos sectores de la pared y después meterme con un pincel más fino a buscar detalles, a dibujar, a sostener trazos, a jugar un rato.

-¿Tenés mascota? 

-Hasta principios de este año tenía dos perras, Rita y Loba. Loba se murió hace muy poco, pero no la perdí del todo…, bah, las dos están ahí, en la pared. Están un poco ocultas, pero están, siempre van a estar.

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