10 de octubre: Día Nacional de la Danza, en la palabra de Juan Pablo Ledo, primer bailarín del Teatro Colón

El 10 de octubre de 1971, nueve bailarines del Elenco Estable del Teatro Colón, entre ellos sus primeras figuras, José Neglia y Norma Fontenla, despegaron cerca del Aeroparque porteño para dar una función benéfica en el Teatro Español de Trelew. Minutos después, la falla de un motor hizo que el avión impactara en el Río de la Plata, cerca del muelle del Club de Pescadores.

Por esta tragedia sin sobrevivientes, el 10 de octubre se instauró como el Día Nacional de la Danza y motivó la inauguración en 1972 y en la Plaza Lavalle, frente al Colón, de la escultura Homenaje al Ballet Nacional, de Carlos de la Cárcova, que inmortaliza a la mítica pareja en un clásico pas de deux, en el centro de la Fuente de los Bailarines.

A 47 años del accidente, Juan Pablo Ledo, primer bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón, abogado y Personalidad Destacada de San Isidro, nos habla de esta fecha y de la danza, su gran pasión. Un artista que hasta los 16 años vivió en Villa Adelina, llegó a las salas más prestigiosas del mundo y en 2018 cerró con su compañía los festejos por San Isidro Labrador, de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, al pie de la catedral.

-¿Cuál es la importancia del Día Nacional de la Danza?

-De alguna manera, es como una excusa para unirnos los argentinos, juntarnos, reconocernos y valorarnos, y saber que la danza sigue viva en nuestro país. La danza es una de las herramientas del arte que hace bien al alma y al espíritu, formativa, que no conoce de fronteras ni idiosincrasia. Siento que este día nos convoca como bailarines y bailarinas a seguir diciendo que estamos vivos y acá, que seguimos amando lo que hacemos, y que no nos olvidemos de la importancia de que el Estado siga invirtiendo tiempo, planes y estructuras para que esta disciplina se multiplique y siga dando frutos.

-Habrás pasado muchas veces por esa escultura, ¿qué sensaciones te produce?

-De chico, cada vez que salía y tomada el subte de Retiro a Tribunales para ir al Instituto del Teatro Colón la veía y me llenaba de alegría saber que la danza tenía su lugar. Si bien el Colón, con semejante teatro e historia, es una muestra más que cabal de la importancia de la danza en nuestro país, tener ese homenaje en esa plaza es gratificante para todos nosotros.

-¿Cómo definirías a la danza como transmisor de cultura e identidades?

-Es una de las expresiones más inclusivas y absolutas, que nos invita a la libertad y al pensamiento, a ser genuinos y sacar lo que llevamos adentro. La danza desnuda al artista sobre el escenario y nos convoca a ver quiénes somos. Cuando el artista y el público abren el alma y el corazón se establece una conexión que ni nosotros ni la audiencia vemos, pero sí percibimos a través de los sentidos. Una comunicación sin palabras ni explicación racional. Está claro que la danza nos da una identidad, no somos rusos, franceses ni italianos. Somos argentinos, aprendemos del legado que nos dejaron nuestros maestros y vamos forjando nuestra propia identidad.

-¿Cuál fue el legado artístico de José Neglia y Norma Fontenla?

-No pude conocerlos por cuestiones cronológicas, pero fueron grandes artistas, estandartes genuinos de nuestro arte. Es su legado y el de muchos otros artistas de su generación y anteriores. Cada uno lleva el suyo. Mi responsabilidad es seguir transmitiendo con respeto y humildad toda la información y el bagaje de mi pasado. Las nuevas generaciones deben saber que hay un contenido y una historia muy rica que va marcando nuestra identidad. La danza no empieza con uno, no somos huérfanos ni debemos sentirnos huérfanos. Hay una familia, hay una historia.

+ También viajaban en aquel vuelo los bailarines Antonio Zambrana, Carlos Schiafino, Margarita Fernández, Carlos Santamarina, Rubén Stanga, Sara Bochousky y Marta Raspanti. 

 San Isidro, 9 de octubre de 2020