Artistas en cuarentena: ocho preguntas para conocer un poco más a nuestros creadores

Es uno de los escritores argentinos más vitales. Escribió las novelas Museo de la revolución, Ciencias Morales (premio Herralde de Novela 2007), Dos veces junio, Bahía Blanca, El informe, Los cautivos, Segundos afuera, Cuentas pendientes, La pérdida de Laura y Fuera de lugar, entre otras, y los libros de cuentos Muero contento, Una pena extraordinaria y Cuerpo a tierra, y los de ensayos Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón, cuerpo y política (junto con Paola Cortés Rocca), Zona urbana, Narrar a San Martín, El país de la guerra, Fuga de materiales y 1917, entre otros. Nacido en 1967, hincha confeso de Boca, traducido a varios idiomas, gran estudioso y admirador de Borges, docente universitario (Teoría Literaria), ensayista y crítico literario.

Su último libro es Me acuerdo (marzo de 2020), donde propone un inventario de escenas de la infancia, un listado de muchos de sus recuerdos, pero escapando con este truco al formato clásico de una biografía, en un género que tiene como referente a Me acuerdo y otros autorretratos del poeta y artista plástico estadounidense Joe Brainard, publicado en 1975.

Además, Kohan fue jurado del Premio Manuel Mujica Láinez (cuya convocatoria 2020 está en curso), ofreció en abril de 2018 una inolvidable master class en la feria Leer. Literatura en el Río y en septiembre último regresó a San Isidro para ponerse al frente del taller Narra el otro, durante el ciclo Workshops de Letras, en Casa Museo Alfaro. 

-¿El momento tan especial que estamos atravesando impulsa o desactiva tu faceta creativa?

-Ni una cosa ni la otra. Tuve que reacomodar, supongo que como todos, mis rutinas y mis lugares. Y redefinir los tiempos disponibles porque, por una parte, hay tiempos que se liberaron (los tiempos de los traslados de un lugar a otro, los tiempos de la vida social), pero por otra, hay tiempos que se ocuparon (los tiempos dedicados a la limpieza de la casa, por ejemplo; si uno no ha retenido a la empleada como hizo Cathy Fulop). Más allá de eso, no ha habido ni impulso ni desactivación. Seguí haciendo mi trabajo.

-¿Surgió algún texto literario durante la cuarentena?, de no ser así, ¿qué tipo de obra te gustaría plasmar o comenzar a plasmar en estos momentos?

-No; me interesa mucho la relación entre la literatura y la realidad de lo que pasa o lo que pasó, pero me interesa cuando esa relación no es inmediata ni contingente, cuando no es testimonial ni es un pretendido reflejo. Para mí es mejor que exista una mediatización entre lo vivido y lo escrito; para mí lo literario está en esa mediatización, o bien lo es en sí mismo. De manera que no estoy pensando ahora en plasmar estos momentos. Escribí algunos ensayos, sí, todos ellos a pedido.

-¿Libro, película, canción, pintura u hecho artístico que sintetice o nos pueda ayudar a comprender (transitar) este momento?

-Descreo de esa clase de aplicaciones inmediatas. Así que no sé.

-¿Cómo pensás que está influyendo e influirá la pandemia al momento de pensar y concretar un hecho cultural?, por lo que se ve en las redes sociales ya  hay mucho material artístico relacionado con este tema.

-Hubo casi una compulsión, ¿no? Lo cual no me resulta para nada alentador. Y no sólo por lo que podemos presentir respecto de los resultados, sino por esa especie de frenesí que se produjo de mandar a leer y a escribir, de aprovechar la pandemia, de hacerla rendir. Algo bastante alejado, para mí, del estímulo y del deseo; y más cercano de la urgencia y de la enunciación moral: leer es bueno y hay que hacerlo, angustiarse es malo y hay que evitarlo. Pero, ¿qué otra cosa que el intento desesperado de tapar la angustia parece haber habido ahí? Como si no supiéramos que, para superar una angustia, antes hay que permitírsela. La compulsión maniática de que todo el mundo se pusiera a leer y a escribir me pareció terrible.

-Museos virtuales, cine virtual, muestras virtuales, recitales virtuales, teatro virtual, ferias de libros virtuales, pantallas de por medio ¿Qué te sugiere?

-Me sugiere un estado de emergencia, nada más. Inhabilitada la realidad presencial, se sigue por donde se puede. En mi caso, dar clases virtuales (no participé de ninguna de las otras opciones que mencionás, salvo ver algunas películas). Es lo que se puede hacer ahora, por ahora. En lo que a mí respecta, echando de menos el contacto, la cercanía, la presencia, la realidad.

-¿Tu lugar favorito en estos días en tu casa?, ¿por qué?

-Ninguno. No me gusta estar en mi casa. Nunca me gustó. Lo voy llevando bien, porque no hay alternativa, y entonces uno se adapta. Pero no tengo nada así como un lugar favorito. Mis lugares favoritos son las canchas de fútbol y los cafés de la ciudad, las dos cosas con las que más he soñado en estos días.

 -De esta experiencia excepcional para todos, ¿saldrás mejor escritor?

-Espero que no. Sería una desgracia, la prueba definitiva de ser una porquería de escritor y una porquería de persona, valerse de tanta angustia y tanta muerte para ser «mejor» escritor. El siguiente salto de superación, entonces, ¿de qué dependería? ¿De que haya otra pandemia? ¿De que mueran unos cuantos miles más? Los méritos que pueda haber en lo que escribo se deben antes que nada a los libros que leí, también a los profesores que tuve. Por suerte no preciso miles de muertos para «aprovechar».

-¿Y una sociedad peor, igual o mejor?

-No lo sé, no tengo idea. Hay señales alentadoras, de solidaridad y cooperación. Y también señales desalentadoras, de represiones fervorosas y vocacionales o de mezquindades inauditas (como las trabas al impuesto a las grandes riquezas). Así que no sé.