En Primera Persona: autora y directora de “Ojalá las paredes gritaran”, basada en Hamlet

Nació y se crió en Martínez, a los 17 años se fue a vivir a la Capital Federal y ahora, cada tanto, Paola Lusardi vuelve al pago chico como dramaturga y directora de “Ojalá las paredes gritaran”, sobre un Hamlet adolescente y de clase media acomodada, rebelde, en crisis existencial y sin rumbo, amante del trap y de la música electrónica. Así, a muy poco de la última función en Quinta Anchorena, en el casco histórico de San Isidro, el domingo 10 de enero, Paola se prende con ganas en la charla en torno de esta obra que estrenó en 2018 en su propia casa de Colegiales, agotó entradas rápidamente, sacudió la escena porteña con una inteligente apropiación de la cultura millennial para narrar un clásico, llegó al Metropolitan de la calle Corrientes para codearse con el teatro comercial y fue invitada a ser parte de las dos últimas ediciones del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA).

“Un Hamlet millennials es totalmente innovador para los jóvenes. He visto a chicas y chicos de 17 años salir llorando de mi casa conmovidos y abrazando a los actores y actrices, muy agradecidos por la experiencia que acababan de vivir. Es una obra que pega fuerte en la juventud y que interpela a las cabezas adultas sobre su relación con las generaciones jóvenes, a veces agobiadas frente a ese mundo adulto distante y ajeno”, dice Paola que en vez de poner en juego el reino de Dinamarca puso sobre la escena a una familia cínica y negadora, que se debate en incorporar o no a este millennial en las decisiones de la empresa familiar.

-Hicimos una operación de recorte literario. Arranqué a ensayar con las y los actores con ocho escenas del Hamlet original, de la versión isabelina, y les pedí que estudiaran la letra. Desde ahí comenzamos un proceso de improvisación, a las dos semanas decidí romper el texto y lo que quedó fue el perfume de ese texto original. Lo interesante es que quedaron algunas escenas intactas, como la muerte de Ofelia ahogándose, y, por otro lado, hicimos un trabajo intertextual al introducir en nuestra versión el monólogo de Lady Macbeth, en “Macbeth”, para el personaje de Gertrudis. Sentí la necesidad de fortalecer los dos personajes femeninos, como directora mujer que soy, de darles el lugar que en la obra original no tienen. En nuestro caso, Hamlet está muy apoyado en el complejo de Edipo, toda la obra se estructura desde ese lugar y Ofelia tiene un recorrido y una curva dramática central, pasa a ser como la sanación del todo el material, es la poesía del material. Fue un texto trabajado desde lo coloquial, que resultó de una gran identificación para el público, pero, a su vez, lo cruzamos con el texto original.

En su pluma, Gertrudis aparece como una madre que no sabe cómo lidiar con un hijo que la pone incómoda porque cuestiona el poder de la familia y de la sociedad frente a su juventud, en medio de un relato que habla del amor y el odio, la fraternidad, los genes, la descendencia y el complejo de Edipo, también del encierro entre los propios vínculos, del mandato del cómo ser y actuar, del amor joven y de lo que queda en el camino y se añora, de la música electrónica y sus sonidos, del trap y sus letras.

¿Cómo nace la idea de llevar al príncipe de Dinamarca al siglo XXI y a una casa de Colegiales?

-Nace en la UNA, mientras estudiaba Dirección y Puesta en Escena, y como parte de un proyecto vinculado con Hamlet. Fue un trabajo que continué por mi cuenta, tomando el texto original isabelino y las ideas de Jacques Lacan sobre la obra. Hacía poco había remodelado mi casa, de arañas muy grandes, mucho vidrio repartido, escaleras, distintos planos de altura con terrazas. Me pareció que la casa tenía una impronta teatral muy preponderante de la que debía hacerme cargo y que tranquilamente lo que era el castillo de Dinamarca podía convertirse y ser hoy, en la contemporaneidad, una casa de Colegiales.

-Es una obra versátil, que pasó por distintos modelos de puesta en escena.

-Cuando la Quinta Anchorena decidió alojarnos me pareció muy interesante, porque la obra nació en mi casa, luego pasó a un teatro en la calle Corrientes y estuvo en dos FIBA. Todo ese recorrido hizo que el material se convirtiera en un material muy camaleónico, que se va adaptando a distintos sitios. La Quinta Anchorena nos permite amplificar el espacio original, ganar metros dentro de la cuna de la obra y adaptarla a estos tiempos de pandemia. Tiene su patio, su parte interna donde los personajes circulan del adentro hacia el fuera y tiene, además, la posibilidad de operar una cuestión técnica central en la obra, el agua, algo que en general es muy difícil de lograr en un teatro convencional. Todas las imágenes poéticas que la obra presenta pudieron ser trasladadas al espacio de Anchorena, pero con un agregado, la cuestión culinaria y el aire libre. La gente llega, recibe unos tickets y puede elegir dentro de un menú de comida muy rico y variado, y también bebidas sin alcohol, cerveza, vino. Como me dice el público al salir, se vive como algo muy diferente, un acontecimiento teatral, una gran experiencia.

Y de ahí, en marzo, a una plaza en San Isidro en el marco del ciclo gratuito El Bardo en las plazas.

-Para mí es una propuesta muy atractiva. Me gusta mucho el teatro callejero y el dispositivo de esta obra se creó y pensó casi como un espacio de escenario. Es un trabajo con un lenguaje millennial muy preponderante, que es el trap, el rap, el hip hop, la música electrónica. De hecho, la estructura que se construyó en el escenario del Metropolitan fue pensada a modo de recital, como si fuera una casa dentro de una estructura de recital. La obra combina dos lenguajes, la familiaridad de un hogar y esa imagen casi de fiesta electrónica en Berlín. Ese mismo planteo llevado a una plaza, a la calle, potencia muchísimo la obra, lo vuelve espectacular por las luces y por la música, de enorme preponderancia en la obra. Es como ir de una radio chiquita, mi casa, a un sistema de sonido 5.1. Un buen sistema de sonido, un escenario y las ganas de la gente de escuchar a un Hamlet contemporáneo con humor, con mucho ritmo y soltura, y también con esa profundidad y esa estructura maravillosa de un Shakespeare es más que suficiente. Sí me parece central la idea de poder ofrecer proyectos culturales, de seguir trabajando en conjunto para que nuestra cultura siga creciendo y que este contexto tan complejo no atente más contra ella. Hay que encontrarle la vuelta y el sentido a los trabajos que podemos llevar al aire libre, con barbijo y con todos los cuidados y protocolos.

Paola estudió cine, teatro y pasó por la UNA. Durante 15 años trabajó en Polka, de los cuales 10 los hizo como jefa de casting. También estuvo en Canal 9 y en Canal 13, siempre como productora y asistente de producción y dirección. “Durante muchos años me dediqué a producir y llevar actores de teatro a la televisión, pero en un momento decidí que no quería dirigir más para otras personas, sino para mí misma, crear mis propios materiales. Fue una pulsión del decir, de comunicar lo que se siente y las cosas que nos pasan, de expresar con mis propias palabras”.

Las giras programadas en 2020 con “Ojalá las paredes gritaran” por España, Colombia, Chile, México y Panamá quedaron para mejores momentos. Mientras tanto, Paola proyecta llevar a una sala del Paseo La Plaza a su Hamlet rebelde que grita ¡Viva Perón!, rapea su crisis existencial y sueña con ser influencer, y se enfoca en la función del domingo próximo en Quinta Anchorena y en la que ofrecerá en la Plaza Castiglia, en San Isidro, que tendrá en escena a otro destacado vecino, Gonzalo Urtizberea, como Polonio, que fue docente durante muchos años en la Casa de la Juventud local.

-¿Cómo te imaginás al Hamlet del siglo XXII?

-Hoy estamos atravesando un movimiento muy interesante en cuanto al género, al lenguaje, a la posición de la mujer en relación al hombre y en relación a la sociedad. Me imagino a un Hamlet joven y totalmente despojado de todo prejuicio, despojado de etiquetas, de rótulos y de cuestiones oligarcas que persisten. Y sueño con que ese Hamlet que no pertenece a una minoría, sino que claramente es parte del común denominador de la sociedad. Esa es mi ambición, por eso y para eso hago teatro, para contribuir a derribar esas fronteras sinsentido que nosotros, como sociedad, construimos dentro de nuestro propio mundo.

+ La última función de “Ojalá las paredes gritaran” en Quinta Anchorena (Anchorena 477, San Isidro), se realizará el domingo 10 de enero, a las 19.30. Las entradas se consiguen en Alternativa Teatral.

+ El sábado 6 de marzo, a las 20, esta obra se presentará en la Plaza Castiglia (Don Bosco y Garibaldi, San Isidro), como parte del festival El Bardo en las plazas, de la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, que desembarcará en el espacio público del 22 de enero al 20 de marzo con una variada agenda para la familia y acceso gratis.