Artistas en cuarentena: ocho preguntas para conocer un poco más a nuestros creadores

Nació en Venezuela, vive en Buenos Aires desde los cinco años, es escritora, periodista cultural, guionista, docente, dirige la línea editorial de la revista digital Atletas y desde 2008 coordina talleres de narrativa en el Sportivo Literario. Escribe ensayos y artículos sobre cine, teatro y literatura en varios medios nacionales como la Revista Ñ de Clarín, Radar (Página 12), el blog de la editorial Eterna Cadencia, la revista Otra Parte, Brando y Anfibia, entre otros. Alguna vez quiso ser actriz, estudió Ciencias de la Comunicación y Filosofía en la UBA, cine en la ENERC y se recibió de dramaturga en la EMAD. Lectora incansable de literatura, filosofía y crítica literaria, y también de psicoanálisis. En la biblioteca de la casa de su madre, la filósofa y escritora Diana Sperling, se nutrió de Barthes, Blanchot, Derrida, Deleuze.

Virginia Cosin publicó cuentos en varias antologías como Replicantes (editorial El fin de la noche) y Cuarenta grados a la sombra (Planeta), y la novela Partida de nacimiento (2011/Editorial Entropía), seleccionada  por el Ministerio de Cultura de la Nación para ser traducida al inglés y editada en la antología 12 narradores argentinos. En 2020 codirigió la película Edición ilimitada producida por Varsovia Films y, un año antes, salió a luz su segunda novela, Pasaje al acto (Editorial Entropía), en la que mixtura en primera persona biografía e invención para nombrar y bucear en el dolor y la angustia, la locura y la soledad de una joven que ingresa a un psiquiátrico después de un intento de suicidio.

“Si escribo es precisamente porque no sé quién soy, porque me lo estoy preguntando, y es la pregunta y no la certeza lo que me atrapa, tanto en lo que escribo como en lo que leo”, aseguró alguna vez Cosin, que en marzo de 2018 abrió la II edición del ciclo Workshops de Letras en Casa Museo Alfaro (Ituzaingó 557), en el casco histórico de San Isidro, una edificación inspiradora, con jardín y aljibe central, y en la que se respira la historia local.

Y lo abrió con Juego de palabras, un taller que apuntó directamente contra una verdad instalada: que para escribir primero hay que tener algo para decir. Y, en ese camino, apeló a sus interlocutores a prestar atención a las palabras más allá de lo que éstas quieren decir, sugirió poner el oído en su musicalidad, sus rimas, sus roces y bordes, y hasta se animó un poco más y propuso no pensar para escribir. El desafío que planteó aquella tarde fue el del desprenderse del qué quiero decir, aunque la incertidumbre desborde.

-¿El momento tan especial que estamos atravesando impulsa o desactiva tu faceta creativa?

-Creo que uno no puede medir cuál es el alcance de un acontecimiento extraordinario mientras lo está viviendo. Por el momento puedo dar cuenta de mi estado como oscilante y ciclotímico, de a ratos estoy completamente en babia, no hago nada, pero absolutamente nada en todo el día, y después me engancho con una serie, o una película, o una lectura, o me pongo a releer viejos documentos que tengo en mi archivo y los corrijo, o trazo paisajes imaginarios que van a ser parte de lo que, creo, va a ser mi próxima novela. El trabajo creativo, al menos para mí, se despliega en un plano que tiene muy poco que ver con la consciencia y la voluntad y hay que entregarse a ese devenir caótico sin exigencias. En ese sentido, la cuarentena me habilita todavía más a no cumplir con ninguna demanda de productividad. Más bien al contrario. Supongo que me enteraré de los efectos de este tiempo cuando pueda volver a una cierta rutina de trabajo y pueda ordenar algo de lo que se está produciendo en mi propia subjetividad sin que yo sepa muy bien qué es.

-¿Surgió algún texto literario, ensayo, relato o de otro tipo durante la cuarentena? De no ser así, ¿qué tipo de obra te gustaría comenzar a plasmar en estos momentos? ¿Formatos, contenidos?

-Nada de lo que surgió tiene relación directa con la cuarentena o el encierro, porque lo cierto es que vivo bastante encerrada con o sin amenazas externas o disposiciones estatales. Estoy aprovechando para corregir textos que tengo en archivo y para hacer un acopio de apuntes, notas, que formarán parte de algo que todavía no sé muy bien qué será.

-¿Algún libro, película, canción, pintura u hecho artístico que sintetice o nos pueda ayudar a comprender (transitar) este momento?

-Creo que cada uno transita este momento de forma muy particular, no me atrevería a recomendar nada que ayude a comprenderlo o transitarlo. Sí puedo transmitir algo de mi propia experiencia: lo que me viene bien a mí es la evasión. Leer un novelón lleno de peripecias e imágenes espesas, uno de esos libros que despliegan un rogel de dimensiones emocionales y sensoriales y crean otro mundo posible, uno en el que una pueda meterse por un rato para olvidarse de éste. Yo arranqué con Guerra y paz, de Tolstoi, y en el medio mecho con un picoteo de  lecturas varias.

-Museos virtuales, cine virtual, galerías de arte virtuales, recitales virtuales, teatro virtual, ferias de libros virtuales, pantallas de por medio. ¿Qué te sugiere?

-Como doy todos los días clases por zoom trato de limitar mis experiencias virtuales. Vi algunas series que me gustaron mucho: Normal People, The Morning Show. Y pierdo una cantidad asquerosa de tiempo escroleando fotitos en Instagram, pero es una actividad satánica que no recomiendo para nada. Ah: y soy fan, pero fan, de los Tik Tok de Lali Espósito.

-En las redes sociales surgió infinidad de material artístico y literario que toma la pandemia y la cuarentena como eje central, desde concursos literarios y de dramaturgia hasta muestras de artes plásticas. ¿Le prestás interés a esa movida?

-Me parece que algunas cosas que se están haciendo son interesantes cuando salen del lugar común, la opinión moralizante o la catarsis ególatra. En la revista que editamos con un grupo que surgió en los talleres de escritura que coordino (www.atletasrevista.com) hicimos una convocatoria para que nos enviaran sus diarios de cuarentena, pero a la vez hicimos una intervención: los cortamos y pegamos, en una operación de montaje, para dar cuenta de la multiplicidad de experiencias y voces singulares viviendo un acontecimiento único.

-¿Tu lugar favorito en estos días en tu casa?

-Mi cama. Estos días y siempre.

-¿Este tiempo ayudó a pensarte como escritora?

-No, para nada.

-¿Crees que de esta pandemia saldrá una sociedad peor, igual o mejor?

-Ni mejor, ni peor. Tampoco igual.

Fotografía: Valeria Bellusci